¿Y el deporte femenino? El lento regreso del deporte por la crisis del COVID-19 acentúa la brecha de género

Equipo WATS Team - Y el deporte femenino - El lento regreso del deporte por la crisis del COVID-19 acentúa la brecha de género

Desde el inicio de la pandemia del Coronavirus, hace ya nueve meses, se ha hablado mucho sobre las graves consecuencias económicas que tendrá la emergencia sanitaria en el ámbito del deporte. La cancelación de grandes eventos deportivos a nivel internacional como los Juegos Olímpicos de Tokio 2020 o la Eurocopa de 2020, que este año iba a disputarse en 12 sedes distintas (entre ellas Bilbao), traerá grandes pérdidas económicas, no sólo en el ámbito deportivo sino a nivel global.

Hablando solamente en términos económicos, no podemos obviar que, según los informes de la propia UEFA, la celebración de Eurocopa de Francia en 2016 supuso la facturación nada menos que de 1.916 millones de euros entre ingresos directos e indirectos como tractor de sectores como la logística, el transporte, la hostelería y el turismo, que se traducen también en una importante entrada de impuestos a las arcas públicas.

¿Cómo afecta la crisis al deporte femenino?

Los grandes clubs de fútbol anuncian pérdidas millonarias debido a la falta de espectadores/as en los estadios, la reducción de ingresos procedentes de la publicidad o las televisiones. Pero, si asomamos la cabeza fuera del omnipresente deporte rey, ¿cómo está afectando esta situación a aquellos deportes que no son mayoritarios? Y si vamos un poco más allá ¿cómo está afectando al deporte femenino?

Las diferencias económicas, sociales y la repercusión mediática entre el deporte masculino y el femenino eran evidentes antes del COVID–19. Siguiendo con el fútbol como ejemplo, en febrero de este año 2020 se produce un hecho histórico con la firma del primer “Convenio Colectivo para futbolistas que prestan sus servicios en clubes de la Primera División femenina de fútbol” en el que se establece un salario mínimo de 16.000 euros brutos anuales para las jugadoras. En caso del fútbol masculino, en 2016 se estableció un mínimo bruto anual de 155.000 euros para los jugadores de Primera División y 77.000 para los de Segunda (más los posteriores incrementos anuales del IPC en ambos casos).

La pandemia, lejos de reducir diferencias y apostar por una mayor igualdad entre el deporte masculino y femenino, ha castigado duramente al deporte femenino. Según se recoge de las conclusiones elaboradas por EU Athletes – Asociación Europea de Deportistas en octubre del 2020, el deporte femenino ha sido el más afectado por la crisis derivada de la emergencia sanitaria. Algunos de los factores que han provocado esta situación son la falta de reservas financieras en clubes mucho más modestos, mayor dependencia de los ingresos derivados de la venta de entradas (que han sido eliminados directamente por la falta de público) o la necesidad de tener otros empleos debido a la precariedad de sus contratos deportivos, lo que supone una mayor exposición al COVID, dificultando así el cumplimiento de las restricciones marcadas por la práctica deportiva. Sobre la brecha de género ahondada por la crisis del Coronavirus ya hablábamos hace unos meses en este otro artículo, y desafortunadamente continuamos en la misma situación.

Muchas preguntas sin respuesta

Por otro lado, según recogen estas mismas conclusiones la diferencia de los protocolos existentes para la prevención del COVID entre las diferentes categorías es notorio, y más aún entre el deporte femenino y el masculino. Mientras que en la Primera División de fútbol masculino los controles y previsiones sanitarias son de primer nivel, en el deporte femenino en muchos casos brillan por su ausencia o no son tan rigurosos, hechos por los que muchas jugadoras han protestado en repetidas ocasiones.

No podemos obviar que esto se trata solo de la punta de un iceberg en el que la parte económica es, seguramente, la parte más visible. Pero existen otros elementos discriminatorios hacia el deporte femenino, quizás no tan visibles pero que a los que es necesario prestar atención, como su menor presencia en los medios de comunicación entre otros. Después de un 2019 que ha sido histórico en los avances para el deporte femenino y para la igualdad, el 2020 ha supuesto un muy importante retroceso.

Nos surgen muchas preguntas para las que no tenemos respuesta. ¿Por qué como sociedad no hemos sido capaces de continuar avanzando en la igualdad en este contexto de crisis sanitaria? ¿Por qué la vuelta del fútbol masculino de Primera División ha estado garantizada desde el primer momento y el deporte no-mayoritario y femenino sigue estancado? ¿Por qué las mujeres deportistas arrastran una carga extra respecto a sus homólogos masculinos en esta situación? Seamos conscientes de la importancia del deporte femenino para la visibilidad, el avance en igualdad y la generación de referentes para los/as más jóvenes.

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