Un deporte sin violencia es posible con la ayuda de todos ¿Te sumas?

Cada fin de semana, nuevos casos de violencia salen a la luz. Padres pegándose delante de sus hijos, jugadores peleándose entre ellos, acoso constante a árbitras; junto a una infinidad de casos de machismo, xenofobia y racismo.

Erradicar la violencia en el deporte supone un enorme reto social, y al igual que fue conseguir que las mujeres pudieran votar o que personas de diferente raza tuvieran los mismos derechos. Todos los cambios sociales son liderados por un 16% de la sociedad, como refleja Everett Rogers en su teoría “La difusión de la innovación”.

Conseguirlo supone un reto, pero todo empieza por ese 16% de personas que creen, que motivan, que despiertan, que se anticipan.

El enfoque ante situaciones que generan violencia está en el castigo, en lugar de la prevención y la educación. Los entrenadores/as peor capacitados por su temprana edad, se encuentran en las categorías inferiores donde su impacto sobre los jóvenes deportistas es muy elevado. En esas categorías, los conocimientos técnico-tácticos pasan a un segundo plano, cuando los entrenadores/as no tienen herramientas para resolver conflictos y situaciones que generan violencia.

Aparte de entrenar la salida de balón, la presión, coberturas… también debemos entrenar todas las situaciones que creemos que se pueden dar en un partido: cuando una persona te insulta o cuando metes un gol en fuera de juego o cuando marcas con un penalti que no era. Generar profesionales que guíen a sus equipos para que aprendan a aprender a través de competencias y valores, y de esta forma, logrando un deporte sin violencia.

La misión de WATS es erradicar la violencia en el deporte. Creemos firmemente que un deporte sin violencia es posible, un deporte que eduque en valores, que ilusione a los mas jóvenes, que nos permita disfrutar de sus aprendizajes, y sobre todo, que forme para la vida. ¿Te sumas?

Este artículo forma parte de nuestra colaboración mensual con la Revista Tiquitaca y ha sido publicado en el número 1 – diciembre de 2018. Puedes leer el ejemplar completo en este enlace.

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