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Deporte y salud mental: rompiendo un tabú de la mano de Naomi Osaka

La salud mental es uno de los ámbitos más desconocidos de nuestra vida, y aún está asociada a un cierto tabú que nos impide hablar con ella de naturalidad. En la cultura anglosajona es común visitar al psiquiatra como el que va al fisioterapeuta, pero en la Europa continental es algo bastante desconocido aún. Además, en muchos casos se liga a ciertos prejuicios y a palabras heredadas de otras épocas. «Estar loca», «vas a acabar en un manicomio» o «tener cita con el loquero» son expresiones que debemos desterrar para normalizar lo que es normal: que la parte mental es un aspecto fundamental dentro del abanico de aspectos a cuidar en nuestra salud.

En un escenario en el que la pandemia nos ha puesto a prueba tanto a niños/as, como a jóvenes y a mayores, hemos sufrido la privación de actividad física con el confinamiento inicial, y en mayor y medida todos hemos desarrollado algún tipo de «cicatriz» psicológica respecto al miedo a enfermar, a perder el trabajo, a que la situación empeore… Y es algo normal, ya que somos humanos y en situaciones desconocidas despiertan nuestros miedos y temores. Además, hay un aspecto fundamental para la salud mental del que hemos estado privados mucho tiempo: el deporte.

El deporte como mecanismo para mejorar la salud mental

Sí, puede parecer algo ajeno a priori, pero los profesionales de la salud (y los psicólogos y psiquiatras en el caso de la salud mental), no dejan de insistirnos en la importancia de practicar deporte y desarrollar actividad física para prevenir y paliar trastornos como la apatía, la ansiedad o la depresión. De hecho, un reciente estudio de la Universidad Politécnica de Madrid reconoce que “los sujetos con niveles altos o moderados de actividad física total y en el tiempo libre presentan niveles de salud mental superiores a los de aquellos que realizan un nivel bajo de actividad física”. Los y las profesionales de la Facultad de Ciencias de la Actividad Física y del Deporte que realizaron el estudio constataron cómo “el nivel de la actividad física realizada en el tiempo libre se relaciona de forma inversa con la vulnerabilidad a los trastornos mentales”.

Entonces, aunque queda demostrado que practicar deporte es positivo para el bienestar mental, en el caso de los deportes de élite hay una presión psicológica muy importante que ha llevado a algunos deportistas de renombre a hablar por primera vez de la salud mental en público. Es el caso reciente de Naomi Osaka, una de las mejores tenistas a nivel internacional, que abandonó hace unos días Roland Garros al recibir una sanción económica por no querer comparecer en rueda de prensa tras los partidos. Tras mucha presión para explicar sus motivos, Osaka ha reconocido que desde el US Open de 2018 lleva luchando contra la depresión y que permanecerá un tiempo alejada de las pistas de tenis.

Naomi Osaka, un paso adelante para hablar sobre salud mental

La tenista reconoce que para ella el deporte es la ilusión de su vida y una auténtica válvula de escape, pero que no es capaz de lidiar con la presión de los medios. «La gente no tiene consideración con la salud mental de los deportistas» ha afirmado Osaka, que se queja de que en las ruedas de prensa recibía preguntas repetitivas y otras que le hacían dudar de sí misma como persona y como deportista. Al de unos días, ha comunicado que renuncia a jugar el Grand Slam.

Tenistas de reconocida trayectoria y prestigio como Venus Williams, Sloane Stephens, Martina Navratilova o Billie Jean King se han solidarizado con Naomi Osaka y le han transmitido públicamente su apoyo frente a las sanciones por incomparecencia en ruedas de prensa y su valentía por abrir el importante debate sobre la salud mental en el deporte. «Como deportistas se nos enseña a cuidar de nuestro cuerpo, pero el aspecto mental y emocional se queda corto. Esto va más allá de hacer o no una rueda de prensa” declaró Martina Navratilova, mientras que Billie Jean King considera que “es realmente valiente que haya revelado su lucha contra la depresión».

El debate no es nuevo, anteriormente otras voces del deporte como Michael Phelps (natación), Kevin Love (baloncesto) o Brandon Marshall (fútbol americano) ya habían dado el paso de hablar de la salud mental en público, pero que Naomi Osaka, número dos del tenis mundial y la deportista mejor pagada (según la revista Forbes), renuncie a jugar un Grand Slam, es un síntoma de algo muy importante.

Avanzando hacia la creación de espacios seguros en el deporte

¿Y sabiendo que el deporte es un ámbito especialmente positivo para la prevención y la superación de los trastornos mentales, cómo podemos hacer que no ocurra lo que narran estos deportistas? Creando espacios seguros, algo que pasa por la formación y capacitación de los profesionales que forman el ecosistema del deporte en sus diferentes estamentos y categorías: deporte escolar, federado, semiprofesional y profesional.

La doctora María Marentes, becada posdoctoral del CONACYT en la Unidad de Psicología del Deporte de la Universidad de Valencia recuerda cosas que ella misma ha podido ver y otras que profesionales del mundo del deporte le han transmitido: estrés, fatiga y hasta abusos sexuales. Contra todo eso tienen que lidiar los atletas en su lucha por alcanzar sueños como los Juegos Olímpicos, y eso “se vuelve una cuestión de identidad y de supervivencia”.

Según la doctora Marentes, el camino hacia la solución pasa por «hacer muchísima pedagogía de lo que realmente es el bienestar psicológico, lo que es la psicología y tratar que las nuevas generaciones se puedan preparar mejor. Que en el deporte se puedan crear más espacios y que las nuevas generaciones de entrenadores/as», sea cual sea la categoría y el nivel, «tengan una visión más global de lo que es el rendimiento, con psicología, nutrición y prevención de lesiones, no solo se trata de hacer ejercicio».

Cómo hacer un buen inicio de temporada deportiva en un Septiembre un tanto atípico

Normalmente septiembre es un mes lleno de oportunidades en cuanto a la práctica deportiva se refiere. Es el comienzo de la temporada y con ella viene la ilusión, el reencuentro con el equipo, nuestros objetivos personales, las ganas de superarnos… De hecho, el año pasado te contábamos cómo afrontar el inicio de curso para hacer un buen arranque de temporada deportiva. Sin embargo, este nuevo curso comienza con grandes novedades, no sólo en el ámbito académico, sino también en el deportivo a consecuencia del COVID-19.

Desde las diferentes administraciones ya se ha comunicado la suspensión por el momento del deporte escolar (aquel que atañe a las categorías no federadas), tanto de entrenamientos como de competiciones. En esta misma línea, muchos clubs y asociaciones y federaciones deportivas han decidido tomar esta misma decisión como medida preventiva ante el Coronavirus.

Esta nueva situación puede tener, sin duda, consecuencias no especialmente positivas en las personas deportistas como el sedentarismo, la desmotivación e, incluso, el abandono de la práctica deportiva… Es por ello por lo que te proponemos una serie de ideas que pueden ayudarte o ayudar a aquellas personas deportistas más jóvenes a combatir favorablemente en este inicio de temporada tan atípico.

1. Establece una rutina

Los entrenamientos tienen su horario establecido, pero ahora es fácil que ese tiempo lo dediquemos a otras cosas distintas al deporte. Por eso es importante que establezcas un espacio semanal exclusivo para la realización de actividad física. Puedes marcar el mismo horario que tendrías en una situación normal o buscar otro que mejor se adapte a tus necesidades. Lo fundamental es que sea siempre el mismo para poder así establecer una rutina y poder organizar el resto de actividades de la mejor forma posible.

2. Comprométete contigo mismo/a

Así como cuando realizamos algún deporte, adquirimos un compromiso con las personas formadoras y con los compañeros o las compañeras para acudir a los entrenamientos y partidos, ahora es importante que adquieras un compromiso contigo mismo para respetar los horarios marcados para entrenar. Es posible que siempre te surjan otras opciones más “apetecibles” durante el tiempo destinado al entreno o que simplemente por pereza prefieras realizar otro tipo de actividades. Es por eso que es importante ser consciente del compromiso adquirido y respetarlo al máximo posible.  De esta forma, no sólo estarás trabajando a nivel físico sino que también estarás realizando un trabajo personal importante contigo mismo/a, cumpliendo con los compromisos adquiridos.

3. Establece pequeños objetivos

Marca pequeños objetivos: compite contra tí mismo/a. Ponte pequeños objetivos que te ayuden a mantener la motivación y mejorar en tu deporte. Establece  marcas que puedas ir superando de forma semanal o mensual, incluso en forma de reto que puedas compartir con otras personas de tu equipo o modalidad. Ten en cuenta que la motivación es un elemento clave para no caer en el abandono del deporte o el sedentarismo.

4. Mantén el contacto con tu equipo

A pesar de no poder entrenar en equipo o en las mejores condiciones posibles, mantén el contacto con otras personas vinculadas a tu deporte, compañeros/as de equipo o modalidad, personas formadoras… Esto te servirá para compartir tus logros y también tus dificultades con los demás, sirviéndote de apoyo en caso de necesitarlo.

En definitiva: recuerda que además de mantenerte en movimiento y continuar ejercitándote, lo más importante de todo es seguir con las recomendaciones establecidas desde las diferentes administraciones públicas, cumplir con las medidas marcadas con el objeto de cuidarnos y de cuidar a los demás, ¡y recordar que en este inicio de temporada tan atípico estamos entrenando para un partido jugamos todos/as! Así que deja la pereza en el sofá y sal a entrenar a la calle, al parque, al monte o a la playa, usa siempre mascarilla, lávate las manos a menudo y recuerda beber mucha agua. ¡En marcha!

Este artículo forma parte de nuestra colaboración con el periódico Deia y ha sido publicado en su edición en papel el sábado 19 de septiembre de 2020. Puedes leerlo también en su web en este enlace.

Trabajando los Valores en las vacaciones de Verano

Las vacaciones de verano son sinónimo de descanso, tanto físico como mental, pero también un momento donde compartimos más tiempo en familia. Por eso es una buena oportunidad para poder trabajar con nuestros más pequeños/as de la casa en el terreno de los valores. En WATS soñamos, apostamos y trabajamos por un deporte y una sociedad con valores, así que para este verano os proponemos entrenar algunos de ellos. Y si te quedas con ganas de más, no dejes de echar un ojo a los valores que te proponíamos para el verano pasado.

¿Y cómo se entrenan los valores humanos? Pues realmente es muy sencillo: se entrenan a través de las acciones. Podemos hacerlo de forma individual o en familia. Por ejemplo, podemos marcarnos pequeños retos semanales: una semana, un valor a trabajar mediante pequeñas acciones diarias. Si a la hora de trabajarlos dudas ante una conducta, pregúntate: “si tuviese a mucha gente mirándome para después imitarme, ¿lo haría?”.

Respeto

Respetar a los demás es algo que empieza por comprender que tenemos distintos puntos de vista y que esto nos enriquece como sociedad. No puedo imponer mi opinión o despreciar a aquellas que sean distintas a la mía. Hay muchas pequeñas maneras de trabajar el respeto: guardar cola sin intentar colarse, mirar a los ojos a la persona con la que hablas, dar los buenos días cuando te cruzas con un vecino/a, pedir las cosas “por favor” en una tienda, ¡y nunca olvidarse de decir “gracias”!

Responsabilidad

El verano puede ser un buen momento para que nuestros hijos/as asuman responsabilidades acordes a su edad dentro del ámbito familiar. Es importante que los niños/as sean conscientes que su implicación en estas tareas reporta un beneficio para el resto de las personas que viven en casa con ellos y, por tanto, también para sí mismos. Si entre todos/as nos repartimos las tareas, tendremos más tiempo para hacer otros planes más divertidos. ¿Quizás podemos hacer un cuadro de tareas para cada uno/a?

Agradecimiento

Es fundamental transmitir a nuestros hijos/as que debemos agradecer lo que las demás personas hacen por nosotros. ¿Le habrá supuesto un esfuerzo (da igual que haya sido mucho o poco) a esa otra persona? ¿Si yo hubiese echado una mano me gustaría que me lo agradeciesen? Bingo, ya sabemos cual es la palabra mágica: “gracias”.

Amistad

El verano es momento de estar en familia pero también de compartir tiempo y experiencias con sus compañeros del colegio o el equipo deportivo y con sus amigos/as. La verdadera amistad se demuestra en los malos momentos y, por eso, es importante que los niños y niñas comprendan la importancia de preocuparse por sus amigos/as y cuidar las relaciones con los demás. ¿Conocemos a alguna persona que no lo está pasando del todo bien en este momento? Recuerda que la amistad y el compañerismo no sólo se trabajan con aquellas personas que nos caen fenomenal, sino con aquellos con los que tenemos menos relación.

Tolerancia

Si el respeto nos hace no imponer nuestra opinión como la única acertada, la tolerancia nos enseña que todos/as somos diferentes y debemos respetar las ideas y creencias de los demás, siendo conscientes de que todos tenemos derecho a equivocarnos. Pero ser tolerantes no significa que debamos aceptar todo tipo de actitudes: el machismo, el racismo, o la LGTBI-fobia son comportamientos que no debemos tolerar. ¿Podemos trabajar un listado con lo que sí es tolerancia y lo que no es?

Ánimo con el trabajo de los valores. Aunque solamente des un pequeño paso en este terreno, recuerda que “algo” siempre es mucho más que “nada”. ¡Feliz verano!

Este artículo forma parte de nuestra colaboración con el periódico Deia y ha sido publicado en su edición en papel el sábado 18 de julio de 2020. Puedes leerlo también en su web en este enlace.

Responsabilidad y libertad, las dos caras de la moneda de la desescalada

Durante las últimas semanas hemos oído hablar mucho sobre la importancia de la responsabilidad y libertad, pero ¿qué entendemos por ser responsable? Según la RAE, la responsabilidad hace referencia por un lado a “una obligación moral” y por otro a “una obligación legal”.

Si únicamente tenemos en cuenta la segunda acepción podemos pensar que la responsabilidad tiene una connotación negativa, ya que nos vemos obligados a ser responsables porque lo marca la ley. Si por el contrario atendemos a la concepción moral de la definición, entenderemos que de nuestra auto-responsabilidad dependerá un bien colectivo.

Responsabilidad y libertad, dos conceptos complementarios

Ser responsable supone pensar en los demás, actuar en función de lo que podemos causar con nuestra conducta y asumir las consecuencias que se deriven de nuestras acciones, ya sean positivas o negativas. La clave de la responsabilidad individual radica en pedirnos cuentas a nosotros mismos.

Pero ¿qué es lo que ocurre cuando no todo el mundo ejerce la responsabilidad individual? Hemos visto imágenes de personas que se aglutinaban en grupos numerosos cuando no estaba permitido, gente que no usa mascarilla cuando es obligatorio, personas que no han respetado el confinamiento y han sido multadas por ello… Es en esos momentos cuando entra en juego la libertad. Muchas personas utilizan la palabra “libertad” para justificar la falta de responsabilidad hacia los demás “a mí nadie me dice lo que tengo que hacer”, “soy libre para hacer lo que quiera”

Es por ello que no podemos obviar que responsabilidad y libertad están estrechamente unidas. Son las dos caras de una misma moneda y no funcionan la una sin la otra. Debemos ser conscientes de que ser libre no significa no respetar las normas: la libertad está basada en la responsabilidad individual de cada uno/a de nosotros/as.

Libertad es tener en cuenta a quienes nos rodean

En un momento extraordinario como el que estamos viviendo tenemos que ser especialmente conscientes de que la verdadera libertad implica tener en cuenta al resto de personas con las que vivimos en sociedad, teniendo como objetivo la mejora personal y el bienestar de los demás. Del correcto ejercicio de nuestra libertad basada en la responsabilidad individual dependerá el poder avanzar rápidamente en la desescalada y prevenir retrocesos en el futuro.

A veces puede ser incómodo usar una mascarilla mucho rato o a veces nos puede dar algo de pereza guardar la distancia de seguridad. Pero de cumplir con estas normas depende que todos y todas podamos avanzar, recobrar y mantener la tan ansiada normalidad. Convertirnos en personas más responsables depende únicamente de nosotros/as y para ello, debemos ser sinceros con nosotros mismos/as: ¿estoy siendo responsable conmigo mismo y con quienes me rodean?

Únicamente si somos capaces de realizar este trabajo podremos reconducir nuestras acciones hacia otras más responsables, aportando de esta manera nuestro granito de arena a la sociedad en la que vivimos. Pensemos que para ser más libres debemos aceptar algunas normas incómodas durante unos meses, pero que lo hacemos buscando un bien colectivo mayor y a cambio de ganar la vuelta a la normalidad para muchos años.

En definitiva, estamos un poco más separados durante un tiempo para poder estar juntos de nuevo, y nuestro éxito depende de la responsabilidad de cada uno/a. ¡Seguro que entre todas y todos somos capaces de conseguirlo!

Este artículo forma parte de nuestra colaboración con el periódico Deia y ha sido publicado en su edición en papel el sábado 20 de mayo de 2020. Puedes leerlo también en su web en este enlace.

¡Todas y todos a una! Hacia la desescalada a través de la responsabilidad y el compromiso

Desde el pasado lunes 11 de mayo muchos territorios y provincias hemos entrado en la ya tan conocida Fase 1 de la desescalada ante el COVID-19. Esta modificación supone un cambio significativo en las limitaciones de libre circulación las personas, con una mayor apertura en nuestras posibilidades de movimiento. También supone una vuelta a la actividad física y deportiva para la que te dábamos algunos consejos en un anterior artículo.

Desafortunadamente, este cambio de escenario nos ha dejado en algunos lugares imágenes de terrazas abarrotadas, personas que no respetan la distancia de seguridad, falta de seguimiento en las medidas de distanciamiento social e higiene… Por eso, a pesar de que, según los territorios la norma establecida es distinta, existen elementos comunes que tienen que darse de forma indispensable en todos los lugares. Hablamos de dos valores clave: la responsabilidad y el compromiso.

Pero ¿qué es ser responsable? Según una de las acepciones de la RAE, “ser responsable” significa “persona que pone cuidado y atención en lo que hace y decide”. Para llegar a ser capaces de hacer, es importante ser conscientes de que en el contexto en el que nos encontramos: la situación no nos afecta únicamente a nosotros como individuos sino que se trata de una coyuntura que nos afecta a todas y todos como sociedad. Por eso, antes de actuar y de tomar decisiones, es necesario reflexionar sobre el impacto que pueden tener nuestras acciones (¡que lo tienen!), especialmente en aquellos sectores de la población más vulnerables.

Solamente si somos capaces realmente de tomar consciencia de la importancia de ser responsables seremos capaces de comprometernos con las recomendaciones y normas establecidas, y por tanto, nuestras acciones irán en beneficio del bien común.

Responsabilidad y compromiso

¿Cómo puedo ser verdaderamente responsable en mi conducta diaria durante las diferentes fases de la desescalada? Te proponemos seguir un itinerario que tiene tres pasos.

Sentir. Siente que esto no es sólo problema de unos pocos, que es algo extraordinario que nos afecta a todos como sociedad. Recuerda que nuestras y nuestros profesionales de la sanidad pública llevan semanas dándolo todo por nosotros/as.

Pensar. Reflexiona sobre las consecuencias de nuestras acciones, toma consciencia de la situación y de que cada pequeño paso cuenta. Piensa que la pandemia ha sacado lo mejor de muchísimas personas y cómo hemos sido capaces de unirnos en la adversidad.

Actuar. Actúa en función de lo que has reflexionado, consciente de la importancia de respetar (aunque nos cueste) el distanciamiento social, la higiene de manos, la distancia de seguridad, el uso de mascarilla y el ajustarse a las actividades permitidas y a las franjas horarias.

Si alguna vez te flaquean las fuerzas en esta lucha contra el COVID-19, recuerda: pequeños cambios marcan grandes diferencias. ¡Con el compromiso y el respeto de todas y todos lo conseguiremos!