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El reto de sacar adelante una temporada deportiva desigual y completamente marcada por la pandemia

Llegamos al final de una temporada deportiva sin precedentes, marcada de inicio a fin por la pandemia, donde los deportistas han visto golpeadas sus objetivos y aspiraciones, los clubes han tenido que cerrar sus puertas y donde, tanto profesionales como empresas del sector deportivo han visto como su generación de ingresos se tambaleaba.

Una temporada deportiva condicionada en todo momento por el número de casos activos de COVID, donde cada comunidad autónoma ha tenido que decidir qué medidas adoptaba para poder reactivar o no el sector deportivo. Una temporada incierta, marcada por la dificultad de realizar predicciones que ayudasen a confeccionar un calendario estable y fiable. Para intentar crear un consenso único y valorar los riesgos que tendría activar las actividades deportivas se han creado comisiones de expertos, se han confeccionado múltiples protocolos de actuación e impuesto medidas sanitarias, muchas de ellas inviables para un sector donde clubes modestos con presupuestos reducidos veían como única alternativa cerrar sus puertas y dejar la temporada en blanco.

Queremos echar la vista atrás para ver con perspectiva cómo ha sido esta atípica temporada deportiva 2020/21, donde no ha sido igual para tres de los modelos de deporte que existen. Nos referimos al deporte profesional, deporte base federado y deporte escolar, los cuales han vivido realidades diferentes. Mientas el modelo profesional ha tenido una rápida activación, los otros dos han sufrido mayores restricciones, frenando su activación por miedo al aumento de contagios, sin tener en cuenta que el deporte ayuda a combatir muchos de los síntomas negativos provocados por la pandemia, como son los trastornos de ansiedad, problemas cardiovasculares y respiratorios y un gran aliado para aumentar las defensas de nuestro organismo.

El deporte profesional, el primero en reactivarse

En 2020 hemos visto cancelarse o aplazarse grandes citas deportivas, como los Juegos Olímpicos de Tokio 2020, la Eurocopa de futbol, los grandes torneos de la ATP o la Fórmula 1, provocando importantes pérdidas económicas a empresas y países de todo el mundo.

En el Estado, el modelo de deporte profesional fue el primero en reactivar su actividad, reajustando su calendario para reducir el impacto económico negativo. Para hacernos una idea del coste económico que tienen estas grandes citas, la inversión de Tokio para los JJOO ronda los 29.000 millones de euros aproximadamente. En un nivel más cercano, la celebración del Gran Premio de España de Fórmula 1 en Barcelona, tiene un impacto económico que ronda los 163 millones de euros.

Si nos fijamos en la reanudación de la temporada 19/20 de La Liga de futbol de Primera División, ésta se produjo tres meses después de proclamarse el Estado de Alarma, disputándose las 11 jornadas que quedaban de la temporada deportiva a partir del 11 de junio. La temporada 20/21 arrancó el 12 de septiembre, donde por primera vez vimos estadios reemplazando a sus aficionados por público y gritos virtuales.

El deporte federado y las competiciones exprés

Según datos del Consejo Superior de Deportes, el número de licencias federativas en nuestro país crece año tras año, situándose en 2019 entorno a los 3.9 millones de licencias, donde solo el fútbol aglutina a poco más de 1 millón de licencias.

Este modelo deportivo cuenta con 65 federaciones nacionales, las cuales han vivido una temporada muy desigual y marcada por las características de la práctica deportiva de cada modalidad, siendo así los deportes de contacto los más perjudicados, al no poder garantizar la distancia mínima de seguridad. Esto ha provocado que disciplinas como el Judo y deportes asociados hayan sufrido una caída del 90% en cuanto al número de sus federados.

En el caso del fútbol no profesional, el inicio de la temporada ha sido un quebradero de cabeza para muchas ligas, donde cada comunidad autónoma decidía soluciones diferentes para el inicio de la competición. Por ejemplo, mientras que en comunidades como Aragón y Galicia daban inicio en febrero, en Cataluña, Valencia y Murcia tuvieron que retrasar su inicio hasta marzo.

Se vivieron meses de protestas para reclamar el regreso inmediato del fútbol autonómico y base, tras meses de inactividad competitiva. Los clubes entrenaban cumpliendo con las medidas sanitarias, pero sin el objetivo de competir cada fin de semana. Un ejemplo de estas protestas fue el movimiento #SOSFútbolBase, surgido en las Islas Baleares para protestar contra la paralización de las competiciones de fútbol base y especialmente para los menores de 12 años, que veían como pasaba un año desde que habían disputado su último partido. De este modo, la temporada 20/21 ha estado marcada por un calendario de competición exprés, donde las fórmulas que se han utilizado han causado desilusión en muchos y muchas deportistas, resignación en muchos clubes modestos e impotencia en las federaciones deportivas frente a las decisiones de los gobiernos comunitarios.

El deporte escolar, el gran discriminado

En octubre de 2020 el Centro de Coordinación de Alertas y Emergencias Sanitarias, informaba que las actividades deportivas representaban solo un 0,22% del total de casos de COVID-19 en España.

Este mensaje reforzaba la idea del bajo riesgo de contagio que existe en la práctica físico-deportiva, pero las diferentes administraciones públicas no lo tomaron en cuenta a la hora crear líneas para favorecer la reactivación del deporte y en especial el deporte que practican miles de niños y niñas en edad escolar.

La realidad para muchos pequeños/as que disfrutan del deporte escolar es que la temporada 20/21 ha sido nefasta, incluso en muchos casos inexistente, causado por el miedo de las familias al contagio de sus hijos e hijas. Por ejemplo, en Cataluña existen casi 300.000 participantes de este modelo deportivo, siendo el PROCICAT quien gestiona tanto el deporte escolar como el deporte federado. Pero mientras que los y las deportistas federadas pudieron entrenar siguiendo las pautas de seguridad establecidas, no ocurrió lo mismo para los y las deportistas escolares, que se vieron discriminados por no practicar deporte en el modelo federado.

En el caso de la Comunidad Autónoma Vasca, la plataforma Bultza Kirola Euskadi, que agrupa a más de medio millar de entidades deportivas, se movilizó en las ciudades más importantes de la comunidad reclamando el inicio de la práctica del deporte en edad escolar por considerarlo una actividad esencial. En esta comunidad, el inicio de la temporada de deporte escolar se inició en el mes de febrero, durando aproximadamente cuatro meses y viéndose condicionada por los casos activos de cada ayuntamiento.

El deporte debe volver a ser protagonista en nuestras vidas

Tanto el deporte federado como escolar son motores de salud y bienestar, tanto para las personas que lo practican como para el conjunto de la sociedad. Todos conocemos los beneficios que aporta la práctica deportiva a nivel físico y mental, demostrándose que una persona que practica actividad físico-deportiva tiene menos probabilidades de contraer afecciones graves por el contagio de la COVID-19

Para la próxima temporada deportiva, los y las responsables de tomar decisiones que afecten a la práctica deportiva deberán tenerse en cuenta las consecuencias negativas que ha causado en la población española las medidas tan restrictivas que ha sufrido el sector deportivo, tanto para sus usuarios como para las empresas y los profesionales que lo componen, al luchar por un estilo de vida saludable y fomentar valores universales. Deseamos que el deporte vuelva a asumir el papel relevante que tiene en nuestras vidas y veamos restablecido nuestro derecho a participar libre y activamente en cualquier actividad deportiva, con independencia del modelo de deporte que se quiera practicar. Miramos al futuro con mucha ilusión de poder dar inicio en unos meses la nueva temporada 21/22 de una forma lo más cercana posible a la normalidad.

Este artículo forma parte de nuestra colaboración con el periódico Cantera Deportiva y ha sido publicado en el número 1.477 – 25 de mayo de 2021. Puedes leer el artículo también en este enlace.