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Para ganar no todo vale. ¿Qué aprendizajes transmitimos cuando sólo importa la victoria por cualquier medio?

El otro día una pasábamos junto a un campo de fútbol en el que estaba entrenando un equipo de alevines. El entrenador les hablaba sobre ganar, y les daba instrucciones para conseguirlo en el próximo partido. A toda costa, de la manera que fuese. No importaba hacer faltas, retrasar los saques o fingir tirándose al suelo. ¿Para ganar no todo vale? No tan rápido: mientras fuese ganar, a él le parecía bien.

¿Nos planteamos qué aprendizajes se transmiten a esos niños/as cuando el mensaje es que para ganar vale todo? Este hecho nos ha hecho reflexionar acerca el mensaje que estaba emitiendo el entrenador. Seguramente con toda la buena intención del mundo, pero esos chavales ya tenían una directriz clara: “ganar es lo importante y hay que conseguirlo de la manera que sea”. Entendiendo que “de la manera que sea” incluye también conductas antideportivas o jugadas con falta de ética. Con licencia para ganar todo vale, ¿no?

Está claro que quedar vencedor en el resultado nos satisface, no nos vamos a engañar. Querer ganar no es malo, y hacerlo mucho menos. Pero sí es importante diferenciar la manera que nos lleva a la victoria. Sabotear a un compañero del equipo rival para que se hunda puede resultar exitoso a nivel de resultados en el marcador, pero para todo lo demás, sin duda es un fracaso. En definitiva: para ganar no todo vale.

En un momento como el entrenamiento de un equipo de deporte escolar o base lo que ocurre transciende la práctica deportiva. Es un momento de formación y de aprendizaje colectivo, y por eso es importante cuidar los mensajes. Estos son los tres aprendizajes que se transmiten cuando el lema es “para ganar todo vale”.

«Cada vez que quieras algo, hazlo aunque dañe a otros o no sea ético«

Lo hemos repetido en numerosas ocasiones: el deporte es una escuela de vida. Por tanto, si en el deporte transmito que hay que ganar a toda costa, independientemente del modo de hacerlo, es muy fácil extrapolarlo a tu vida y al día a día. Y más cuando el mensaje se lo estás transmitiendo a chavales que están en etapa de crecimiento y en momento de empaparse de cada enseñanza que se les da en el campo.

Si en el partido del domingo cuando no mire el árbitro puedo empujar a un rival para que se caiga y yo avanzar, luego puedo hacer lo mismo en el patio del colegio. Además, si interiorizo mucho la idea, dentro de unos años cuando tenga un trabajo voy a hacer lo mismo con mis compañeros para ascender. Quizás no empujando como en el campo de fútbol, pero sí ocultando información para que el otro no pueda hacer bien el trabajo como tú. Son ejemplos, pero es importante tomar conciencia del peso de las ideas que transmitimos.

«Mi valor no está en mi esfuerzo y valores, está en el resultado«

Si repasamos el mensaje que estaba transmitiendo ese entrenador a su equipo de alevines, el foco estaba en ganar. En el resultado, en un número; no hablaba del esfuerzo o de los valores del equipo. Cómo hubiese cambiado su mensaje si en vez de ser “hay que ganar de la manera que sea, eso es lo que vale” hubiese sido “hay que esforzarse al máximo, darlo todo y mostrar qué valores tenemos como equipo, eso vale”. Da un giro de 180 grados.

En el primer caso, si luego perdemos, la derrota será doble. Por un lado la del marcador y por otro lado la del terreno de los valores. Porque si lo importante es ganar, yo sólo valgo si gano ¿verdad? En el segundo caso cambia la historia. Si perdemos, la derrota está en el marcador. Pero si hemos perdido esforzándonos y dando lo mejor de nosotros mismos teniendo presentes nuestros valores, eso es un éxito. Porque mi valor estaba en esforzarme, no es conseguir un número.

Extrapolándolo más allá, también se puede aplicar a la vida adulta. La pregunta es: ¿dónde está mi valor? ¿En los puestos de trabajo que consiga y los coches que tenga? ¿O en ser buena persona, esforzarme y llevar una vida plena? Para reflexionar.

«Los valores como la honestidad y responsabilidad no valen para nada»

¿Queremos personas honestas en la sociedad? ¿Queremos que nuestro hijo/a nos diga la verdad cuando haya hecho algo mal? ¿Queremos que nuestra pareja sea sincera cuando las cosas se tuercen? Apliquemos entonces los valores de la honestidad, la sinceridad y la responsabilidad en todos los ámbitos. Por supuesto también en el deporte. No vale pedir que saboteemos el partido del rival y luego que contigo haya honestidad. La honestidad se aprende con la práctica y sobre todo, con el ejemplo.

Si queremos personas responsables, que se ocupen de sus cosas y lleven las riendas de su vida, debemos poner el foco en aquello que depende de nosotros/as. Cuando tu valor está en el resultado, este no depende de tí. Por tanto, no es algo de lo que te puedas responsabilizar. En cambio si lo que habla de ti es tu esfuerzo o son tus valores, eso sí permite responsabilizarte de aquello que te atañe a ti.

En definitiva: para ganar no todo vale

Recordemos que es maravilloso tener aspiraciones, superarnos a nosotros/as mismos/as y disfrutar de los éxitos. El deporte, como la vida, tiene un elemento de competitividad que puede ser muy saludable si se enfoca de la manera correcta. Nos puede animar a superarnos, a dar lo mejor de nosotros/as mismos/as o a «correr esa milla extra». Pero no olvidemos que más exitoso es perder un partido habiéndolo dado absolutamente todo que ganarlo a base de trampas y poco esfuerzo. Porque, al contrario de lo que decía el Príncipe de Maquiavelo, el fin nunca justifica los medios y para ganar no todo vale.