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El reto de sacar adelante una temporada deportiva desigual y completamente marcada por la pandemia

Llegamos al final de una temporada deportiva sin precedentes, marcada de inicio a fin por la pandemia, donde los deportistas han visto golpeadas sus objetivos y aspiraciones, los clubes han tenido que cerrar sus puertas y donde, tanto profesionales como empresas del sector deportivo han visto como su generación de ingresos se tambaleaba.

Una temporada deportiva condicionada en todo momento por el número de casos activos de COVID, donde cada comunidad autónoma ha tenido que decidir qué medidas adoptaba para poder reactivar o no el sector deportivo. Una temporada incierta, marcada por la dificultad de realizar predicciones que ayudasen a confeccionar un calendario estable y fiable. Para intentar crear un consenso único y valorar los riesgos que tendría activar las actividades deportivas se han creado comisiones de expertos, se han confeccionado múltiples protocolos de actuación e impuesto medidas sanitarias, muchas de ellas inviables para un sector donde clubes modestos con presupuestos reducidos veían como única alternativa cerrar sus puertas y dejar la temporada en blanco.

Queremos echar la vista atrás para ver con perspectiva cómo ha sido esta atípica temporada deportiva 2020/21, donde no ha sido igual para tres de los modelos de deporte que existen. Nos referimos al deporte profesional, deporte base federado y deporte escolar, los cuales han vivido realidades diferentes. Mientas el modelo profesional ha tenido una rápida activación, los otros dos han sufrido mayores restricciones, frenando su activación por miedo al aumento de contagios, sin tener en cuenta que el deporte ayuda a combatir muchos de los síntomas negativos provocados por la pandemia, como son los trastornos de ansiedad, problemas cardiovasculares y respiratorios y un gran aliado para aumentar las defensas de nuestro organismo.

El deporte profesional, el primero en reactivarse

En 2020 hemos visto cancelarse o aplazarse grandes citas deportivas, como los Juegos Olímpicos de Tokio 2020, la Eurocopa de futbol, los grandes torneos de la ATP o la Fórmula 1, provocando importantes pérdidas económicas a empresas y países de todo el mundo.

En el Estado, el modelo de deporte profesional fue el primero en reactivar su actividad, reajustando su calendario para reducir el impacto económico negativo. Para hacernos una idea del coste económico que tienen estas grandes citas, la inversión de Tokio para los JJOO ronda los 29.000 millones de euros aproximadamente. En un nivel más cercano, la celebración del Gran Premio de España de Fórmula 1 en Barcelona, tiene un impacto económico que ronda los 163 millones de euros.

Si nos fijamos en la reanudación de la temporada 19/20 de La Liga de futbol de Primera División, ésta se produjo tres meses después de proclamarse el Estado de Alarma, disputándose las 11 jornadas que quedaban de la temporada deportiva a partir del 11 de junio. La temporada 20/21 arrancó el 12 de septiembre, donde por primera vez vimos estadios reemplazando a sus aficionados por público y gritos virtuales.

El deporte federado y las competiciones exprés

Según datos del Consejo Superior de Deportes, el número de licencias federativas en nuestro país crece año tras año, situándose en 2019 entorno a los 3.9 millones de licencias, donde solo el fútbol aglutina a poco más de 1 millón de licencias.

Este modelo deportivo cuenta con 65 federaciones nacionales, las cuales han vivido una temporada muy desigual y marcada por las características de la práctica deportiva de cada modalidad, siendo así los deportes de contacto los más perjudicados, al no poder garantizar la distancia mínima de seguridad. Esto ha provocado que disciplinas como el Judo y deportes asociados hayan sufrido una caída del 90% en cuanto al número de sus federados.

En el caso del fútbol no profesional, el inicio de la temporada ha sido un quebradero de cabeza para muchas ligas, donde cada comunidad autónoma decidía soluciones diferentes para el inicio de la competición. Por ejemplo, mientras que en comunidades como Aragón y Galicia daban inicio en febrero, en Cataluña, Valencia y Murcia tuvieron que retrasar su inicio hasta marzo.

Se vivieron meses de protestas para reclamar el regreso inmediato del fútbol autonómico y base, tras meses de inactividad competitiva. Los clubes entrenaban cumpliendo con las medidas sanitarias, pero sin el objetivo de competir cada fin de semana. Un ejemplo de estas protestas fue el movimiento #SOSFútbolBase, surgido en las Islas Baleares para protestar contra la paralización de las competiciones de fútbol base y especialmente para los menores de 12 años, que veían como pasaba un año desde que habían disputado su último partido. De este modo, la temporada 20/21 ha estado marcada por un calendario de competición exprés, donde las fórmulas que se han utilizado han causado desilusión en muchos y muchas deportistas, resignación en muchos clubes modestos e impotencia en las federaciones deportivas frente a las decisiones de los gobiernos comunitarios.

El deporte escolar, el gran discriminado

En octubre de 2020 el Centro de Coordinación de Alertas y Emergencias Sanitarias, informaba que las actividades deportivas representaban solo un 0,22% del total de casos de COVID-19 en España.

Este mensaje reforzaba la idea del bajo riesgo de contagio que existe en la práctica físico-deportiva, pero las diferentes administraciones públicas no lo tomaron en cuenta a la hora crear líneas para favorecer la reactivación del deporte y en especial el deporte que practican miles de niños y niñas en edad escolar.

La realidad para muchos pequeños/as que disfrutan del deporte escolar es que la temporada 20/21 ha sido nefasta, incluso en muchos casos inexistente, causado por el miedo de las familias al contagio de sus hijos e hijas. Por ejemplo, en Cataluña existen casi 300.000 participantes de este modelo deportivo, siendo el PROCICAT quien gestiona tanto el deporte escolar como el deporte federado. Pero mientras que los y las deportistas federadas pudieron entrenar siguiendo las pautas de seguridad establecidas, no ocurrió lo mismo para los y las deportistas escolares, que se vieron discriminados por no practicar deporte en el modelo federado.

En el caso de la Comunidad Autónoma Vasca, la plataforma Bultza Kirola Euskadi, que agrupa a más de medio millar de entidades deportivas, se movilizó en las ciudades más importantes de la comunidad reclamando el inicio de la práctica del deporte en edad escolar por considerarlo una actividad esencial. En esta comunidad, el inicio de la temporada de deporte escolar se inició en el mes de febrero, durando aproximadamente cuatro meses y viéndose condicionada por los casos activos de cada ayuntamiento.

El deporte debe volver a ser protagonista en nuestras vidas

Tanto el deporte federado como escolar son motores de salud y bienestar, tanto para las personas que lo practican como para el conjunto de la sociedad. Todos conocemos los beneficios que aporta la práctica deportiva a nivel físico y mental, demostrándose que una persona que practica actividad físico-deportiva tiene menos probabilidades de contraer afecciones graves por el contagio de la COVID-19

Para la próxima temporada deportiva, los y las responsables de tomar decisiones que afecten a la práctica deportiva deberán tenerse en cuenta las consecuencias negativas que ha causado en la población española las medidas tan restrictivas que ha sufrido el sector deportivo, tanto para sus usuarios como para las empresas y los profesionales que lo componen, al luchar por un estilo de vida saludable y fomentar valores universales. Deseamos que el deporte vuelva a asumir el papel relevante que tiene en nuestras vidas y veamos restablecido nuestro derecho a participar libre y activamente en cualquier actividad deportiva, con independencia del modelo de deporte que se quiera practicar. Miramos al futuro con mucha ilusión de poder dar inicio en unos meses la nueva temporada 21/22 de una forma lo más cercana posible a la normalidad.

Este artículo forma parte de nuestra colaboración con el periódico Cantera Deportiva y ha sido publicado en el número 1.477 – 25 de mayo de 2021. Puedes leer el artículo también en este enlace.

Los abusos sexuales en el deporte: un enemigo silencioso más extendido de lo que pensamos

Me llamo Ane y el año pasado fui la chica más joven en llegar a las finales del campeonato nacional de gimnasia rítmica. Este año tengo muchas ganas de entrar en selección sub-18, sólo pienso en ello. Por eso me puse tan contenta cuando me llamó el seleccionador para ofrecerme un puesto en el equipo. Me dijo que me había elegido personalmente y eso me hizo sentir muy especial.

A partir de ahí, todo fue a peor. El entrenador me decía lo bien que lo hacía y que si seguía sus consejos llegaría a alcanzar mis sueños. Pero en los entrenamientos era durísimo cada vez que fallaba en un ejercicio y hubo insultos, castigos y me pudo en ridículo delante de las demás compañeras. Empezó ofreciéndome darme clases particulares en su casa por las tardes para mejorar, siendo excesivamente cariñoso conmigo y con las otras chicas, o entrando en mi habitación del hotel de concentración sin avisar. Una de estas veces incluso empezó a acariciarme por encima de las mallas, y acabé saliendo corriendo y llorando de la habitación.

Ane y su entrenador no existen en la realidad. O quizás sí, pero tienen otros nombres. Su caso puede parecer algo inusual, pero es mucho más común en el ámbito deportivo de lo que pensamos. En julio de 2020 la Federación Neerlandesa de Gimnasia paralizó el programa de preparación para los Juegos Olímpicos del equipo femenino a raíz de las denuncias de tres ex-gimnastas, GoedkoopLoes Linders Stephanie Tijmes, que aseguraron haber sido víctimas de abusos por parte del equipo técnico de la selección nacional.

Gimnasia ritmica ojos tapados con cinta
Ane no existe, pero lo que ha vivido es muy real para muchos/as deportistas

Una vez concluida la investigación, la Federación (que se ha visto obligada a pedir disculpas e implementar un programa de educación en valores y prevención del abuso) ha averiguado que nada menos que el 60% de las ex-gimnastas han sufrido abusos en su paso por la selección nacional de Holanda, un dato absolutamente escalofriante. El informe «Barras asimétricas», elaborado a raíz de la investigación, recoge en sus 410 páginas todo tipo de humillaciones, insultos, críticas negativas delante de otras compañeras, e incluso violencia física y abusos sexuales. Desafortunadamente, la totalidad de las deportistas sólo fueron conscientes de que sufrieron abusos una vez terminaron su carrera deportiva.

El caso de Ane no es más que una representación de lo que ha ocurrido y aún ocurre: un claro ejemplo de abuso sexual en el deporte. Este tipo de violencia, según datos de UNICEF y Save the Children, se da en 1 de cada 10 deportistas en el ámbito deportivo. En el caso de Holanda y la gimnasia, hemos visto la enorme profundidad tras la punta del iceberg, con 6 de cada 10 deportistas mujeres afectadas.

Los casos de abusos sexuales en la selección de gimnasia han conmocionado a Holanda

Por este motivo, ante un posible caso de abuso sexual es importante que tengamos en cuenta las siguientes consideraciones:

  1. La víctima habitualmente no presenta un cuadro específico, pero sí indicadores de sospecha.
  2. Las consecuencias dependen de muchas variables: el tipo de abuso; la duración, frecuencia e intensidad del abuso; la edad de quien agrede y de quien sufre el abuso y la relación que tienen entre sí.
  3. En el abuso sexual lo menos frecuente es el dato directo (la revelación por parte de la víctima), siendo lo más habitual una acumulación de indicadores indirectos que dibujan un perfil de sospecha de abuso sexual según se van identificando. Muchas veces, las víctimas no son conscientes de lo ocurrido o no tienen fuerzas para relatarlo hasta haber concluido su carrera deportiva.

Reconociendo el abuso para poder acabar con él

¿Pero cómo podemos saber que estamos delante de un caso de abuso sexual? Para ayudarte en ello, te presentamos una serie de seis indicadores que te permitirán tener sospechas fundadas de que pudieses estar delante de un caso de este tipo. Recuerda que el abuso es algo muy serio, por lo que si sospechas que alguien en tu ámbito familiar, escolar o deportivo puede estar sufriéndolo, debes ponerlo inmediatamente en conocimiento de las autoridades.

Indicadores físicos

Están limitados por las atribuciones de cada profesional y también por el tipo de abuso sexual. Hay que tener en cuenta que muchos abusos no dejan marcas como los besos, tocamientos o ciertas formas de masturbación. Pero las marcas emocionales acompañarán a las víctimas a lo largo de toda su vida.

Indicadores Psicosomáticos

Son síntomas corporales producidos por el miedo y la angustia mantenidos en el tiempo sin otras causas médicas que los justifiquen. Se manifiestan detrás de problemas del sueño, ansiedad y nerviosismo, e incluso trastornos alimentarios de todo tipo.

Indicadores Emocionales

Los principales  indicadores emocionales son la culpa y vergüenza, ansiedad, depresión, baja autoestima, rabia y agresividad o falta de control emocional. Un niño/a que llora constantemente, está aterrado por ir a clase o al deporte escolar, o a estar con un entrenador o profesor en concreto, muchas veces es síntoma de que está siendo acosado, sufre bullying o se ha abusado de él.

Indicadores Conductuales

Si el malestar emocional se mantiene en el tiempo la víctima puede desarrollar conductas autolesivas, autodestructivas y/o suicidas, con comportamientos agresivos, consumo de alcohol o drogas e incluso conductas delictivas.

Indicadores sexuales

La víctima puede desarrollar conductas sexuales inadecuadas, agresiones sexuales a otros/as deportistas o conductas sexuales de riesgo o promiscuidad. E incluso incapacidad para una vida sexual normal rehuyendo las relaciones sentimentales y el contacto sexual, también con su pareja si la tuviese.

Indicadores sociales

Los principales indicadores son el aislamiento social, la repetición de patrones de violencia y conductas antisociales. La desconexión con su grupo de amigos/as, con la familia, el no querer salir a la calle, encerrarse en su mundo interior o en los videojuegos pueden ser algunos de los síntomas de que algo raro está ocurriendo.

Conociendo la gravedad de las consecuencias que provoca una agresión sexual, tanto a nivel físico como psíquico, desde WATS luchamos por erradicar este tipo de violencia de los entornos escolares, deportivos y sociales. Para ello, ponemos a tu disposición el Teléfono contra la Violencia en el Deporte: con solo un mensaje de WhatsApp al 688 655 099, donde nos expliques qué te está ocurriendo a ti o a otra persona de tu entorno, estudiaremos tu caso y te daremos respuesta en un máximo de 24 horas. A continuación un experto/a contactará contigo para aconsejarte la mejor manera de proceder, garantizando el respeto a la privacidad de los hechos relatados.

El abuso sexual en el deporte base es un problema muy grave que afecta a niños/as y adolescentes de todas las edades, por este motivo conocer los indicadores expuestos anteriormente te puede ayudar a detectarlos y darle solución antes de que sea demasiado tarde. Por supuesto, es fundamental poder formar a nuestros entrenadores/as, educadores/as, monitores/as y todas las personas que participan en la formación de los más jóvenes en la importancia de los valores y la detección, prevención y eliminación del abuso, el acoso y la violencia. ¡Recuerda que la solución para acabar con esta lacra está en nuestras manos!

Combatir la violencia en el deporte no es una opción, es nuestra misión – Jero García en TEDxUDeusto

El evento #YOUniverse organizado por TEDxUDeusto y promovido por estudiantes de la Universidad de Deusto, tuvo que suspenderse hace unos meses debido a la pandemia. Esta semana hemos podido, por fin, participar en él con muchas ganas y con todas las medidas y garantías de seguridad.

De la mano de nuestro compañero Jero García, exboxeador, entrenador nacional de boxeo, conferenciante y «hermano mayor» en la televisión, hicimos llegar a las decenas de personas congregadas en el Bilbao Exhibition Center (además de a las miles que nos vieron desde casa a través de vídeo en streaming) la razón de nuestra lucha contra la violencia deportiva: ser el equipo más grande del mundo contra esta lacra que impregna todos los rincones del ecosistema del deporte.

Jero nos hizo partícipes del cambio positivo que impulsa a su alrededor consiguiendo reencaminar a través del deporte las vidas de muchos jóvenes con problemas a través de su Escuela de Boxeo y de la Fundación Jero García, y cómo dentro del equipo WATS está convencido de que acabar con la violencia en el deporte no es una opción, sino una verdadera misión. Para ello impulsamos la formación en prevención, detección y erradicación de violencia en personas jóvenes vinculadas con el deporte y acudimos a este tipo de eventos para concienciar a la sociedad.

«Si yo he sido capaz de hacer un cambio en mí mismo viniendo de un barrio muy conflictivo y peligroso de Madrid en los años ochenta, tú también puedes transformarte. Yo cambio a las personas a través de los objetivos que marcamos, lo que hoy en día llamamos resiliencia«. Por ello Jero y el equipo WATS insistimos en la posibilidad de cambiar las conductas a través de la formación en valores. «Nadie nace siendo violento, lo aprendemos. Por tanto, igual que se aprende la violencia, podemos trabajar en desaprenderla».

Además de nuestro compañero Jero García, tuvimos la oportunidad de compartir escenario con personas inspiradoras como Javier Armentia, astrofísico y comunicador científico, Adriana Uribesalgo, fundadora de Ekomodo y promotora de proyectos de I+D en textil sostenible, Francesc Terns, emprendedor social a través de la gastronomía, Maitane Alonso, joven investigadora y reconocida microbióloga, Óscar Alonso, publicista y promotor del proyecto @72kilos, así como con Rosa Martín y Wilfredo Monsuy, volcados en crear oportunidades de futuro para los niños/as de Guinea Ecuatorial a través de la pasión y el compromiso. ¡Un evento super completo y fantástico a todos los niveles!

La afición es una pieza clave en el deporte: el jugador número 12, cada vez más cerca de volver al campo

Un año después de vivir un Estado de Alarma que convulsionó nuestras vidas, vemos cómo el mundo del deporte vive su propia reconstrucción. Tras afrontar una paralización total de su actividad, incluyendo la cancelación de los Juegos Olímpicos de Tokio 2020, poco a poco hemos visto como los deportes mayoritarios han sido los primeros en reiniciar entrenamientos y competiciones, evitando así grandes pérdidas económicas en el sector. En muchos casos sólo han regresado las prácticas masculinas, ahondándose en la brecha de género en el deporte, de cuyos efectos ya hablamos en un artículo anterior.

En octubre del 2020, el Consejo Interterritorial del Sistema Nacional de Salud prohibió en España la asistencia de público en las competiciones internacionales de fútbol y baloncesto de carácter profesional. Esta medida se adoptaba por el bien de la salud pública, ya que la asistencia de público tenía un impacto muy significativo a la hora de prevenir y controlar la expansión de la COVID-19.

Esta decisión planteaba varias preguntas. ¿Sería la competición igual que hasta ahora sin la asistencia de los aficionados en las gradas? ¿El factor cancha se desvanecía? ¿Los equipos rendirán igual sin el apoyo o la presión de sus hinchadas?

De cara a la histórica final de Copa entre el Athletic Club y la Real Sociedad, la Federación Española de Fútbol, organizadora del partido, intentó que el partido contase con una asistencia limitada de público en las gradas del Estadio de La Cartuja, pero vió como desde las instituciones se desechaba rápidamente la idea. El propio Lehendakari había confirmado días antes que por responsabilidad ni él ni ningún otro tipo de representación del Gobierno Vasco estarían presentes en el partido, y el Ministerio de Sanidad se apresuró a desaconsejar la asistencia de público a la final.

Tras un año de pandemia, las gradas siguen vacías.

El factor cancha suma (y a veces, resta)

Puede parecer algo banal, pero gracias a los cánticos de apoyo de los hinchas, a vivir con intensidad las jugadas de su equipo y defender los colores de su escudo, tanto los jugadores rivales como locales se ven inmersos en un ambiente que afecta psicológicamente tanto en positivo como en negativo. El clima que se genera durante el encuentro puede hacer levantar el ánimo en momentos difíciles o presionar en exceso, afectando a la moral y reduciendo el rendimiento del equipo. El factor cancha suma y una victoria fuera de casa casi siempre es más valorada dado el esfuerzo psicológico que implica tener que jugar con las gradas en tu contra.

El público asistente es juez del espectáculo. No solo anima, sino que también recrimina, infringiendo mayores niveles de presión a los jugadores y cuerpo técnico. El miedo a fallar o a no dar la talla, es un factor psicológico que sufren muchos deportistas. Su confianza se ve afectada por las quejas o exigencias del público, afectando a su estado de ánimo y repercutiendo en su nivel de rendimiento.

«La 12» es la mítica hinchada del Boca Juniors

La ausencia del jugador número 12

Tal es la influencia de la afición en las gradas que a la hinchada del equipo de futbol argentino Boca Juniors se la conoce con el nombre de “El jugador número 12” y es así gracias a la épica gira por Europa que el equipo realizo en 1925, en la cual cosecharon grandes triunfos y provocó la gran popularidad del equipo a nivel mundial.

En esta gira compuesta por 21 personas tuvo gran protagonismo un hincha llamado Toto Caffarena, ya que ayudó a hacer frente los gastos de cinco meses de viaje. Durante el viaje realizó tareas de masajista, utillero, delegado o técnico, siendo su aporte no sólo económico, sino también humano. Por este motivo, un integrante de la delegación lo empezó a llamar “El jugador número 12”. Este apodo quedó vinculado para siempre a la hinchada del Boca, conocida simplemente como «La 12», que por ello antes de cada partido despliega una gran bandera donde se puede leer: “Podrán imitarnos, igualarnos jamás. Como no somos los únicos, decidimos ser los mejores. Jugador número 12”.

Jorge Valdano en su etapa en el Real Madrid
© Real Madrid

«Miedo escénico» a la hora de salir al césped

No sólo los artistas sufren encima de los escenarios, sino que los terrenos de juego se convierten en el escenario donde los equipos deben ofrecer su espectáculo a los aficionados asistentes. LaLiga ha incluido sonido de público y una serie de manchas de colores en las gradas en la emisión televisiva de los partidos pero… el resultado no es demasiado convincente y se hace algo raro.

La expresión «miedo escénico» fue introducida en el mundo del deporte por Jorge Valdano para nombrar la difícil relación del futbolista con el espectador, en un artículo en 1984 en La Revista de Occidente. Con dos palabras definía sus sentimientos de temor como jugador a la hora de saltar al césped del Santiago Bernabeu. Tomó prestada la expresión del escritor Gabriel García Márquez, que la utilizaba para referirse al miedo que él sentía al tener que hablar en público.

Tanto Valdano como García Márquez ponen de relieve con esta expresión la gran influencia que tiene el ambiente externo, compuesto por el público asistente al espectáculo, en la actuación de los deportistas durante la competición. Queda patente la importancia del espectador en las competiciones, al ser un factor que puede influir en el estado anímico de los deportistas o en las decisiones, tanto arbitrales como del cuerpo técnico.

El Open de Australia permitió la entrada de público, pero todo se torció depués.

Gradas sin mascarillas, ¿realidad o utopía?

Por desgracia, parece que ya nos hemos acostumbrado a ver estadios y canchas vacías, donde la falta de ruido nos permite escuchar las instrucciones que dan los entrenadores a sus jugadores.

Nos acostumbramos rápido a las nuevas situaciones, hasta tal punto que a principios del mes de febrero nos parecía de locos ver las gradas abarrotadas de aficionados, como ocurrió durante el Open de Australia, convirtiéndose en el primer torneo Grand Slam del año en permitir público asistente al evento. El gobierno australiano permitió la entrada de 30.000 espectadores por día, alcanzando el 50% del aforo gracias a las duras restricciones que impuso el país para contener la pandemia y que tras identificar un brote de COVID-19 en un hotel de cuarentena, no dudo en decretar un confinamiento domiciliario de 5 días, sin afectar al transcurso del abierto que tuvo que seguir, pero esta vez sin público. COVID 1, público en las gradas 0.

Dentro de poco, aquí volverá a haber gente.

El regreso del público, cada vez más cerca

Tras haber superado la tercera ola de esta pandemia y reducirse el número de contagios en todo el país, el deporte afronta con optimismo la vuelta a las gradas de sus aficionados de manera paulatina. Sanidad a empezado a reducir las limitaciones de aforo en los eventos deportivos y con ello el número de espectadores será mayor. Una gran noticia para el sector deportivo no solo a nivel económico, sino también a nivel humano. Recordemos que muchos clubes modestos sobreviven gracias a la venta de entradas de los aficionados.

A nivel humano, el deporte podrá volver a contar con el calor de su público, con sus incondicionales, esas personas que cada fin de semana apoyan a su equipo. Personas que viven con gran intensidad, tanto victorias y como derrotas. Comparten grandes momentos, viven experiencias y sobre todo disfrutan de la pasión del deporte.

Con el avance a velocidad de crucero de la vacunación a toda la sociedad, esperamos que poco a poco en los campos, gradas, estadios o recintos deportivos puedan volver a resonar las voces de tantos y tantas aficionadas coreando el nombre de su club, equipo o deportista favorito. Hasta entonces nos conformaremos con ver la gran final de Copa… por la televisión.

Jesse Owens, el atleta afroamericano que desafió a Hitler (y sufrió la segregación racial en su propio país)

Agosto de 1936: Jesse Owens se baja de un avión en Berlín para competir en los Juegos Olímpicos. Llegaba desde Estados Unidos, donde era toda una sensación. El año anterior había batido cinco récords del mundo (igualando un sexto) en la Big Ten Conference, una competición universitaria en la que saltó a la fama. Y una fama muy merecida, ya que su récord de salto de longitud -8 metros y 13 centímetros- tardó nada menos que 25 años en ser igualado por otro deportista.

Pero la vida de Owens no había sido fácil en el Estados Unidos de la segregación racial. Sería el mejor atleta del momento, pero en la tierra del país que le vió nacer y para muchas personas, únicamente era «un negro». Nacido en Oakville, Alabama, en 1913, Jesse Owens se convirtió en la historia de Hollywood perfecta: el héroe afroamericano que con sus cuatro medallas de oro destruyó la propaganda sobre la raza aria del Tercer Reich en el Berlín de 1936. Pero la historia es algo más compleja y enrevesada que un bonito titular.

Owens en el Big Ten Conference de 1935

Berlín 1936, un escaparate nazi para todo el mundo

El 30 de enero de 1933, el Presidente de Alemania Paul von Hindenburg, nombra Canciller a Adolf Hitler. Apenas un año y medio después, el 20 de agosto de 1934, fallecía Hindenburg y Hitler se autoproclamaba Jefe de Estado, comandante de las fuerzas armadas y «Führer». Comenzaba un siniestro Tercer Reich basado en el totalitarismo, la propaganda vacía y un genocidio generalizado de personas judías, gitanas, homosexuales o de izquierdas.

Precisamente en ese ambiente, Berlín organiza unos Juegos Olímpicos en verano de 1936 que Hitler quiere utilizar como escaparate ante el mundo. Su planteamiento partía del sinsentido de mostrar la pureza racial aria, a la vez que se enseñaría al mundo la estética y parafernalia nazi, su potencia económica e industrial, acompañada de las enormes infraestructuras deportivas de una Alemania que pocos años después arrastraría al planeta a la Segunda Guerra Mundial.

Adolf Hitler en el palco de honor del Estadio Olímpico de Berlín en 1936.

Estados Unidos, el país de la segregación racial

Es en ese Berlín en el que Jesse Owens pone el pie al bajar de su avión. Pero aún así, el contraste es enorme. Viaja junto a los atletas blancos de su delegación, se hospeda en los mismos hoteles y acude a los mismos restaurantes. Algo absolutamente impensable en Estados Unidos, donde imperaban los establecimientos para blancos y para negros, con aseos diferentes, puertas diferentes e incluso asientos diferentes en el transporte público. Una Norteamérica donde el Ku Klux Klan había campado a sus anchas a principios de siglo mientras gran parte de la población miraba hacia otro lado.

Owens puso al nazismo contra su propio espejo, rompiendo sus expectativas de que los atletas arios alemanes coparían el medallero. Arrancan las Olimpiadas y el 3 de agosto Owens consigue su primera medalla de oro: 100 m con en 10,3 segundos. Al día siguiente, el 4 de agosto, logra el segundo triunfo con el salto de longitud: 8,06 metros y rompiendo la marca mundial de 8,13 m que él mismo había conseguido el año anterior.​

El día 5 de agosto realiza la carrera de 200 metros en 20,7 segundos: tercera medalla de oro. Llega el 9 de agosto y la carrera de relevos 4 por 100 metros: Jesse Owens, Ralph Metcalfe, Frank Wykoff y Foy Draper establecen un nuevo récord mundial de 39,8 segundos y una cuarta medalla de oro para Owens. En apenas siete días, un chico afroamericano de Alabama logra toda una hazaña con cuatro medallas de oro que no sería igualada hasta los Juegos Olímpicos de Los Ángeles 1984, donde Carl Lewis consiguió otras cuatro medallas de oro en las mismas pruebas.

Jesse Owens en la prueba de 100 metros.

«El antílope negro» y sus cinco medallas de oro

La historia corrió como la pólvora y se llegó a escribir cómo el propio Adolf Hitler se retiraba del palco de honor para no ver ganar a un atleta negro en su Olimpiada. Pero nada más lejos de la realidad, la intolerancia del régimen nazi se hacía por la puerta de atrás y en las cámaras de gas, no ante las cámaras de televisión. El propio Owens reconoció que Hitler no asistió a la entrega de medallas pero le estrechó la mano en el antepalco en un encuentro informal.

Ewanjé-Epée, autor del libro «Jesse: La fabulosa historia de Jesse Owens«, narra la historia de un atleta afroamericano que triunfó en la Alemania nazi ante los ojos del Führer. Según la autora «Jesse se convirtió en un auténtico símbolo, pero no supo sacarle partido. Le costó toda la vida entender lo que representó, y no supo jugar ese papel. Jesse no era más que un pobre chico negro, hecho a sí mismo«. La hazaña de Owens trascendió de sus cuatro medallas y consiguió desmontar la absurda propaganda racial alemana en una competición mostrada en directo para todo el planeta por televisión. Pero su regreso a Estados Unidos no fue nada fácil.

El reconocimiento por parte de la Casa Blanca nunca llegó. El Presidente Franklin Delano Roosevelt, volcado en conseguir el apoyo electoral de la población del sur (mayoritariamente racista y heredera del pasado esclavista) no quiso recibirle y ni siquiera le envió una carta de felicitación. Owens llegó a participar en el desfile de honor que se organizó al retornar los deportistas campeones de la delegación norteamericana, con un pasacalles por el centro de Nueva York.

En el desfile de honor, pero por la puerta de atrás

Al término del desfile, Jesse Owens no pudo acceder a la recepción oficial en el Hotel Waldorf Astoria junto con sus compañeros blancos entrando por el acceso principal: tuvo que entrar por una puerta de servicio en la parte trasera, y a través de un montacargas para empleados. Esta era la realidad de los Estados Unidos de América en 1936.

A partir de entonces, el «antílope de ébano» en la tierra prometida de la segregación racial encadenó trabajos de poca monta, incluyendo espectáculos donde corría para ganar a un caballo a galope o a un coche. Aunque escribió libros y compuso Jazz, Owens vió evaporarse su gloria deportiva muy rápidamente y terminó sus días apartado del mundo del deporte. Su propia opinión sobre el activismo de las personas afroamericanas en el deporte pasó de ser algo descreído habiendo criticado la hazaña de los Panteras Negras haciendo el saludo del Black Power en los Juegos Olímpicos de México en 1968, a rectificar posteriormente lo dicho sobre John Carlos y Tommie Smith.

El saludo del Black Power en los Juegos Olímpicos de México 1968.

Tras sus críticas iniciales, llegó a escribir un libro titulado «He cambiado» donde expresaba que se dió cuenta de que «luchar, en su mejor sentido, era la única respuesta que el afroamericano tenía, que cualquier negro que no estuviera comprometido en la lucha en 1970 estaba ciego o era un cobarde».

Tuvieron que pasar 44 años desde su hazaña en la Olimpiada de Berlín para que un Presidente de Estados Unidos reconociese públicamente la importancia del legado de Jesse Owens. El 31 de marzo de 1980 Jimmy Carter declaraba que «quizá ningún atleta simbolizó mejor la lucha humana contra la tiranía, la pobreza y el fanatismo racial que Jesse Owens». Aquel pobre chico negro de Alabama que puso de rodillas el delirio racial de la Alemania de Hitler y sufrió el racismo en su propio país, había fallecido en Arizona a los 66 años.