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De Justin Fashanu a Carl Nassib, dos caras y tres décadas sobre la dificultad de ser deportista LGTBI

Cuando la semana pasada Carl Nassib, jugador de Las Vegas Raiders de la NFL, decidió hacer público que es homosexual, buena parte del mundo del deporte se volcó en apoyarle. Deportistas de renombre junto a personas destacadas de todos los ámbitos de la sociedad no tardaron en enviarle todo su apoyo al jugador norteamericano por la valentía de dar ese paso tan importante.

El propio Presidente Biden tuiteaba que «estoy orgulloso de tu valentía; gracias a tí numerosos niños/as en todo el mundo pueden verse hoy bajo una nueva luz». Pero aún así, Nassib reconocía que le había costado mucho reunir el coraje para salir del armario, y cómo la situación a lo largo de su carrera deportiva no había sido especialmente fácil siendo gay.

La historia de Justin Fashanu, el primer futbolista en salir del armario

Por ello, este Día del Orgullo LGTBIQ+ del 2021 queremos aproximarnos a la historia de Carl Nassib desde un precedente no tan lejano en el tiempo: la historia de Justin Fashanu. El que fuese el uno de los jugadores de fútbol mejores pagados de una liga inglesa fue uno de los primeros deportistas de la historia en atreverse a hacer pública su homosexualidad, y su vida, que había sido complicada por esta razón hasta entonces, se convirtió en un auténtico infierno.

Nunca se había pagado por un jugador negro un millón de libras en Inglaterra. Corría la temporada 1980-81 y Justin Fashanu, hijo de inmigrantes nigerianos, había marcado 19 goles y uno de ellos había sido escogido como el mejor del año. El Nottingham Forest toca a su puerta con una oferta equivalente a 1,1 millones de euros, una cantidad que nunca se había pagado a ningún futbolista en la Premier. No tardó en aceptar la propuesta, aterrizando en el equipo que dirigía el famoso Brian Clough.

Justin Fashanu y Brian Clough

Este entrenador era uno de los arietes mediáticos de la izquierda contra el Gobierno conservador de Margaret Thatcher. La Primera Ministra había emprendido una oleada de privatizaciones y recortes de derechos laborales y sociales en todo el Reino Unido a la que se enfrentó una gran contestación en las calles. El deporte también jugó su papel, con la voz del entrenador Clough como una de las más destacadas.

Pero la defensa de los derechos civiles no debía estar en su ideario político, ya que se dedicó a hacer la vida imposible a Fashanu después de varios días de gritos de aficionados en el campo llamándole «maricón, maricón» y preguntando por sus salidas nocturnas a locales de ambiente LGTBI. Brian Clough reconoció en su autobiografía haberse mostrado intolerante con un jugador que lo pasaba especialmente mal.

Un descenso a los infiernos donde muchos/as miraron para otro lado

Fashanu duró apenas un año y medio jugando en las filas del Nottingham, mientras su rendimiento en el campo estuvo muy lejos de aquel millón de libras que pagó por él el Club. Su hermano John declaraba en una entrevista cómo “ser negro ya era difícil y si a ello le sumas ser gay era aún más”.

Brian Clough consiguió deshacerse de él, con un traspaso que sólo costó 150.000 libras al Notts County. Como jugador se hundía en su carrera y terminó dando tumbos por varios clubes británicos y estadounidenses, antes de reorientar su carrera deportiva como entrenador. En 1990, Fashanu reconoce que es homosexual en una entrevista en el tabloide The Sun en 1990. Pero no fue una entrevista voluntaria. En palabras de un amigo el periódico le dijo «sabemos que eres gay, o lo cuentas y te pagamos por ello o igualmente lo sacamos y no recibirás nada de dinero».

La portada de «The Sun» en 1990 en la que Fashanu salía del armario

A partir de ahí su vida y su actividad deportiva ya como entrenador fueron en caída libre. Unos años más tarde fue acusado por uno de los chavales a los que entrenaba de haber sido abusado sexualmente y un mes después, el 2 de mayo de 1998, apareció ahorcado en un garaje en Londres. Tenía solamente 37 años.

Las personas cercanas a Justin declararon en el proceso judicial que todo se había debido a un chantaje del chaval que pedía dinero a cambio. Pero ya era demasiado tarde para Fashanu, que en su nota de suicidio dejó escrito que «estoy condenado de antemano, no agredí sexualmente a ese chico; el sexo fue consentido (…) espero por fin encontrar la paz».

En sólo 30 años, ¿todo ha cambiado por completo?

Tras la salida del armario de Fashanu, Tomas Hitzlsperger, jugador del Aston Vila, West Ham United y Everton, y de quien hemos hablado en alguna otra ocasión, se convirtió en el segundo futbolista de élite de la historia en reconocer públicamente su identidad sexual en 2014. «Algunos futbolistas temen perder contratos y otros temen las burlas de sus compañeros y los aficionados» ha manifestado en alguna ocasión. Tras él, nadie más se ha atrevido a dar el paso.

Con Carl Nassib, muchas cosas han cambiado en apenas treinta años. Fashanu fue un gran deportista y una buena persona, a quien hicieron su vida imposible por ser gay. Muchas personas le discriminaron activamente, otros simplemente miraron para otro lado. Ninguna estrella del deporte, ni tampoco la Primera Ministra británica, le felicitaron por su valentía. Se vio empujado al suicidio tras un chantaje injusto después de una vida llena de dificultades.

Carl Nassib, primer jugador gay de la NFL

Con Nassib todo ha cambiado. En tres décadas hemos conseguido avanzar como sociedad a pasos agigantados. Valoramos la diversidad y la pluralidad, y contamos con nuevas leyes que impiden discriminar a personas del colectivo LGTBI en el trabajo, garantizan sus derechos civiles y les permiten casarse. Pero en el mundo del deporte sigue siendo complicado que las personas se arriesguen a reconocer públicamente su identidad sexual, ya que aunque te felicite el Presidente de los Estados Unidos, muchos/as tienen miedo de que al día siguiente puedan perder oportunidades, patrocinadores o verse discriminados en futuras competiciones.

Continuemos luchando, recordemos que nuestra libertad se basa en la lucha de muchas personas que no pudieron contarlo, y estemos especialmente orgullosos/as de lo conseguido, pero también de que tanto en la vida como en el deporte, nos queda aún mucho por construir. Pongamos todos y todas nuestro granito de arena en impulsar una sociedad y un deporte más inclusivo, más igualitario y mejor.