La afición es una pieza clave en el deporte: el jugador número 12, cada vez más cerca de volver al campo

Un año después de vivir un Estado de Alarma que convulsionó nuestras vidas, vemos cómo el mundo del deporte vive su propia reconstrucción. Tras afrontar una paralización total de su actividad, incluyendo la cancelación de los Juegos Olímpicos de Tokio 2020, poco a poco hemos visto como los deportes mayoritarios han sido los primeros en reiniciar entrenamientos y competiciones, evitando así grandes pérdidas económicas en el sector. En muchos casos sólo han regresado las prácticas masculinas, ahondándose en la brecha de género en el deporte, de cuyos efectos ya hablamos en un artículo anterior.

En octubre del 2020, el Consejo Interterritorial del Sistema Nacional de Salud prohibió en España la asistencia de público en las competiciones internacionales de fútbol y baloncesto de carácter profesional. Esta medida se adoptaba por el bien de la salud pública, ya que la asistencia de público tenía un impacto muy significativo a la hora de prevenir y controlar la expansión de la COVID-19.

Esta decisión planteaba varias preguntas. ¿Sería la competición igual que hasta ahora sin la asistencia de los aficionados en las gradas? ¿El factor cancha se desvanecía? ¿Los equipos rendirán igual sin el apoyo o la presión de sus hinchadas?

De cara a la histórica final de Copa entre el Athletic Club y la Real Sociedad, la Federación Española de Fútbol, organizadora del partido, intentó que el partido contase con una asistencia limitada de público en las gradas del Estadio de La Cartuja, pero vió como desde las instituciones se desechaba rápidamente la idea. El propio Lehendakari había confirmado días antes que por responsabilidad ni él ni ningún otro tipo de representación del Gobierno Vasco estarían presentes en el partido, y el Ministerio de Sanidad se apresuró a desaconsejar la asistencia de público a la final.

Tras un año de pandemia, las gradas siguen vacías.

El factor cancha suma (y a veces, resta)

Puede parecer algo banal, pero gracias a los cánticos de apoyo de los hinchas, a vivir con intensidad las jugadas de su equipo y defender los colores de su escudo, tanto los jugadores rivales como locales se ven inmersos en un ambiente que afecta psicológicamente tanto en positivo como en negativo. El clima que se genera durante el encuentro puede hacer levantar el ánimo en momentos difíciles o presionar en exceso, afectando a la moral y reduciendo el rendimiento del equipo. El factor cancha suma y una victoria fuera de casa casi siempre es más valorada dado el esfuerzo psicológico que implica tener que jugar con las gradas en tu contra.

El público asistente es juez del espectáculo. No solo anima, sino que también recrimina, infringiendo mayores niveles de presión a los jugadores y cuerpo técnico. El miedo a fallar o a no dar la talla, es un factor psicológico que sufren muchos deportistas. Su confianza se ve afectada por las quejas o exigencias del público, afectando a su estado de ánimo y repercutiendo en su nivel de rendimiento.

«La 12» es la mítica hinchada del Boca Juniors

La ausencia del jugador número 12

Tal es la influencia de la afición en las gradas que a la hinchada del equipo de futbol argentino Boca Juniors se la conoce con el nombre de “El jugador número 12” y es así gracias a la épica gira por Europa que el equipo realizo en 1925, en la cual cosecharon grandes triunfos y provocó la gran popularidad del equipo a nivel mundial.

En esta gira compuesta por 21 personas tuvo gran protagonismo un hincha llamado Toto Caffarena, ya que ayudó a hacer frente los gastos de cinco meses de viaje. Durante el viaje realizó tareas de masajista, utillero, delegado o técnico, siendo su aporte no sólo económico, sino también humano. Por este motivo, un integrante de la delegación lo empezó a llamar “El jugador número 12”. Este apodo quedó vinculado para siempre a la hinchada del Boca, conocida simplemente como «La 12», que por ello antes de cada partido despliega una gran bandera donde se puede leer: “Podrán imitarnos, igualarnos jamás. Como no somos los únicos, decidimos ser los mejores. Jugador número 12”.

Jorge Valdano en su etapa en el Real Madrid
© Real Madrid

«Miedo escénico» a la hora de salir al césped

No sólo los artistas sufren encima de los escenarios, sino que los terrenos de juego se convierten en el escenario donde los equipos deben ofrecer su espectáculo a los aficionados asistentes. LaLiga ha incluido sonido de público y una serie de manchas de colores en las gradas en la emisión televisiva de los partidos pero… el resultado no es demasiado convincente y se hace algo raro.

La expresión «miedo escénico» fue introducida en el mundo del deporte por Jorge Valdano para nombrar la difícil relación del futbolista con el espectador, en un artículo en 1984 en La Revista de Occidente. Con dos palabras definía sus sentimientos de temor como jugador a la hora de saltar al césped del Santiago Bernabeu. Tomó prestada la expresión del escritor Gabriel García Márquez, que la utilizaba para referirse al miedo que él sentía al tener que hablar en público.

Tanto Valdano como García Márquez ponen de relieve con esta expresión la gran influencia que tiene el ambiente externo, compuesto por el público asistente al espectáculo, en la actuación de los deportistas durante la competición. Queda patente la importancia del espectador en las competiciones, al ser un factor que puede influir en el estado anímico de los deportistas o en las decisiones, tanto arbitrales como del cuerpo técnico.

El Open de Australia permitió la entrada de público, pero todo se torció depués.

Gradas sin mascarillas, ¿realidad o utopía?

Por desgracia, parece que ya nos hemos acostumbrado a ver estadios y canchas vacías, donde la falta de ruido nos permite escuchar las instrucciones que dan los entrenadores a sus jugadores.

Nos acostumbramos rápido a las nuevas situaciones, hasta tal punto que a principios del mes de febrero nos parecía de locos ver las gradas abarrotadas de aficionados, como ocurrió durante el Open de Australia, convirtiéndose en el primer torneo Grand Slam del año en permitir público asistente al evento. El gobierno australiano permitió la entrada de 30.000 espectadores por día, alcanzando el 50% del aforo gracias a las duras restricciones que impuso el país para contener la pandemia y que tras identificar un brote de COVID-19 en un hotel de cuarentena, no dudo en decretar un confinamiento domiciliario de 5 días, sin afectar al transcurso del abierto que tuvo que seguir, pero esta vez sin público. COVID 1, público en las gradas 0.

Dentro de poco, aquí volverá a haber gente.

El regreso del público, cada vez más cerca

Tras haber superado la tercera ola de esta pandemia y reducirse el número de contagios en todo el país, el deporte afronta con optimismo la vuelta a las gradas de sus aficionados de manera paulatina. Sanidad a empezado a reducir las limitaciones de aforo en los eventos deportivos y con ello el número de espectadores será mayor. Una gran noticia para el sector deportivo no solo a nivel económico, sino también a nivel humano. Recordemos que muchos clubes modestos sobreviven gracias a la venta de entradas de los aficionados.

A nivel humano, el deporte podrá volver a contar con el calor de su público, con sus incondicionales, esas personas que cada fin de semana apoyan a su equipo. Personas que viven con gran intensidad, tanto victorias y como derrotas. Comparten grandes momentos, viven experiencias y sobre todo disfrutan de la pasión del deporte.

Con el avance a velocidad de crucero de la vacunación a toda la sociedad, esperamos que poco a poco en los campos, gradas, estadios o recintos deportivos puedan volver a resonar las voces de tantos y tantas aficionadas coreando el nombre de su club, equipo o deportista favorito. Hasta entonces nos conformaremos con ver la gran final de Copa… por la televisión.

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