¿Cómo surgió el Futbolín? La curiosa historia del fútbol que se juega sobre una mesa

En estos tiempos en los que la práctica del deporte ha quedado reducida a todo aquello que únicamente podamos realizar en casa parece que el fútbol ha quedado desterrado del panorama. ¿Completamente? No tanto. Como se decía en la primera página de los cómics de Asterix «no por completo, ya que hay un pequeño lugar que ha resistido siempre al invasor». Este es el futbolín.

Oh, el fútbol, «la más importante de las cosas no importantes» que decía el seleccionador nacional italiano Arrigo Sacchi. ¿Y el futbolín? Rey indiscutible de muchos bares también encuentra su lugar en txokos, áticos y sótanos de muchas casas. Y es por ello, la única manera de practicar fútbol en condiciones cuando estás entre cuatro paredes. Pero ¿de dónde surge este invento?

El fútbol, lo más importante de las cosas no importantes

«El futbolín es un juego de mesa basado en el fútbol. Se juega sobre una mesa especial sobre la cual ejes transversales con palancas con forma de jugador son girados por los jugadores o jugadoras para golpear una pelota»

Lejos de la pequeña aldea gala de Armórica, la historia de cómo el futbolín fue inventado es poco conocida y, sin embargo, se trata de uno de los juegos más extendidos y populares en todo el mundo. Una historia que representa como a veces de las peores circunstancias surgen las grandes ideas. Esta idea nos acompaña desde hace 83 años y permite compartir a abuelos, padres y e hijos/as un mismo juego de manera en que pocas cosas lo hacen, y que bien podría haber surgido en esta época difícil que nos toca vivir ahora.

Alejandro Finisterre, inventor del futbolín

Alejandro Finisterre fue un poeta académico de la Real Academia Gallega que nació en 1919. Hizo prácticamente de todo en su vida, pero antes de ser poeta fue inventor. En plena Guerra Civil, Alejandro es herido en unos de los bombardeos de Madrid. Se queda cojo y es atendido en un hospital repleto de chavales donde a todos/as les toca echar una mano. Ya que es el mayor de los jóvenes y el menor de los adultos, se encarga de cuidar a esos chicos que solo quieren jugar y sueñan con volver correr y pegar patadas al balón. Son niños de la guerra que solo quieren recuperar su infancia perdida.

Alejandro Finisterre, un poeta que tuvo la felicidad en su mente

Decían de él que fué «un poeta que tuvo la felicidad en su mente y en sus manos, cuando un día se le ocurrió crear la magia de traer el fútbol a un salón, para aquellos niños a quienes la guerra les impedía correr.

Es así como Alejandro, el hermano mayor de todos ellos, se pone a pensar y crea un juego que devolverá la sonrisa no sólo a esos niños sino a todos los que están sufriendo los desastres de la guerra. Se trataba de una idea que ya estaba en el aire desde finales del siglo XIX en Gran Bretaña y Alemania, sin embargo, Alejandro Finisterre le da una vuelta al diseñar futbolistas de madera y una pelota de corcho pasando así de ser un juego brusco y de fuerza, a uno de astucia y estrategia. Para lograrlo, confía dar forma a su diseño a su amigo Francisco Javier Altuna, un carpintero vasco. Y de la mano de estos dos personajes de principios de siglo nace así el futbolín que todos conocemos hoy en día.

Hoy, 83 años después, los niños y niñas vuelven a no poder salir a la calle a jugar. Esta vez no es una guerra, sino una pandemia lo que les priva de poder correr, saltar y divertirse al aire libre. Quizá sea el momento de desempolvar ese viejo futbolín y rememorar una vez más un gran invento que nos permite disfrutar y divertirnos en familia.

Ya que hay tenis de mesa, por qué no un fútbol de mesa. Así los niños mutilados por los bombarderos podrán jugar al fútbol.

Alejandro Finisterre